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¿y ahora?

Nunca encontré la perfección.

Conseguí asimilar que esta no existe; pero sí encontraba momentos, instantes, segundos perfectos.

Ahora solo veo imperfecciones, arañazos a todo lo que podría ser perfecto dentro de la imperfección.

Pese a todo, jamás perdía el rumbo de ese éxtasis de positividad sin límites, de felicidad sin explicación, sin motivo, sin necesidad de tenerlo.

Pero, ¿y ahora?

Todo está nublado, ya nadie entiende de valores, de segundas oportunidades, de buenas explicaciones, aunque al fin y al cabo estas acaban sirviendo de poco cuando alguien se ciega tanto en su propia mente cerrada.
Todo se nubla en el momento que eres imprescindible para los demás, porque también acabarás siendo vulnerable.
Está todo nublado desde que decidí poder con todo y más, desde que sobrepasé límites demasiado altos sin tener porque.

A todo como propuesta a ser mejor, a superarme, y sí, de algún modo u otro me superé, pero no como esperaba.

Tanto esfuerzo, tantas ganas... tantas decepciones.

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Siempre.

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No soy tus expectativas.

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