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Mamá, te quiero.

Mamá, duele tanto, pero tanto que no estés.

Duele las 24 horas del día los 7 días de la semana.

Estoy intentando aprender a cómo vivir sin ti y a cómo gestionar este dolor. Aprendiendo a vivir de los recuerdos y mantenerlos de forma eterna. Aprendiendo a poner voz a los momentos que necesito escucharte. Aprendiendo a asimilar que esto es verdad, que la pesadilla continua y que va a ser la pesadilla con la que voy a convivir cada día.
Aprendiendo a despertar del precioso sueño que a veces ronda por mi cabeza creyendo que sigues aquí, para contestar mis mensajes y mis videollamadas.

Hace 9 meses y 5 días desde nuestro último abrazo, nuestros últimos besos... hace 2 meses y 21 días desde que te vi por videollamada... 2 meses y 21 días desde que decidiste irte, 2 meses y 19 días que tuve que despedirte... Y aún no sé cómo despedirme de unos abrazos, de unos besos, consejos y risas que una madre te da.  Y como duelen los arrepentimientos, los "tendría que haber aprovechado mejor el tiempo" contigo.

Y sé que ahora me estarías diciendo: "Va Eva, por favor, no llores que mira que fea te pones" y río, y así es, este efecto placebo.

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We will.

All I have been always asking for was freedom. So tell me, what can I do now? Now that I regret all the times that I had it in my hands, in front of my eyes and I didn't appreciate as important as I have just realised it is. But I will be sleeping over again in the middle of nowhere and I will wake up with a stunning sky like those ones. We will be free, and we will aware how valuable freedom is. The north of Western Australia.

Que no, que yo ya no estoy, que no, que ya no quiero estar.

No quiero estar para toda esa gente con dudas, con prejuicios, los que quieren seguir atrapados en los traumas del pasado, los de “me han hecho mucho daño” Ya no quiero estar para la gente que no arriesga, esa que cree que todo ladrón es de su condición, los que no creen en segundas oportunidades (realmente para ellos mismos), los que desconfían como modo de vida. No quiero salvarte de tu propia vida, no soy quién para romper tus cadenas, y menos cuando no te dejas, y no te dejas porque no quieres. Ya no quiero ser ningún flotador salvavidas, ni hacer esfuerzos que acaban convirtiéndose en absurdos para demostrarte que “no soy igual que el resto” (tu mayor estupidez) no voy a hacer lo imposible para demostrarte que no te quiero hacer daño, no voy a molestarme en grabar en tu mente que soy todo lo contrario a decepción. Quiero gente que se arriesgue, que comprenda que hay dolores inevitables que forman parte de nuestro día a día, gente que confíe de primeras, que ya se ...